Lina Lovatón Pittaluga fue una de las mujeres más importantes en la vida privada de Rafael Leónidas Trujillo. Tuvieron dos hijos y mantuvieron una relación durante años, incluso después de que ella se estableciera en Estados Unidos.
Pero una parte menos conocida de su historia ocurrió inmediatamente después del 30 de mayo de 1961, cuando terminó la vida del dictador.
Documentos que estuvieron clasificados como secretos muestran que el FBI tenía identificado el teléfono y la residencia de Lina en Miami Beach y que ese número apareció repetidamente dentro de una investigación sobre comunicaciones relacionadas con figuras dominicanas.

En poco más de cinco semanas se registraron diez comunicaciones vinculadas a su teléfono.
Los documentos no dicen qué se habló ni demuestran que Lina estuviera involucrada en alguna actividad ilegal. Sin embargo, muestran que su nombre continuaba apareciendo alrededor de personas vinculadas al antiguo régimen incluso después de la desaparición de Trujillo.
¿Quién era Lina Lovatón?
Lina tenía apenas 17 años cuando Trujillo se interesó en ella en 1937.
La relación no quedó simplemente como un romance. Tuvieron dos hijos: Yolanda Trujillo Lovatón, nacida en 1939, y Rafael José Ramón Trujillo Lovatón, nacido en 1943.
Con el paso de los años, Lina terminó viviendo en Florida.
Según las reconstrucciones históricas citadas en la información disponible, los problemas con María Martínez, esposa de Trujillo, influyeron en que Lina se alejara de República Dominicana.
Trujillo, sin embargo, habría continuado relacionándose con ella.
El libro Una satrapía en el Caribe, de José Almoina, publicado originalmente en 1949, ya situaba a Lina viviendo cómodamente en Miami Beach y con propiedades en República Dominicana.
Esto significa que cuando el FBI comenzó a registrar aquellas comunicaciones en 1961, Lina llevaba muchos años establecida en Estados Unidos.

El teléfono de Lina apareció desde el día siguiente
Uno de los detalles que más llama la atención es la rapidez con la que su teléfono aparece en los registros.
Trujillo cayó la noche del 30 de mayo de 1961.
El 31 de mayo, apenas horas después, el número relacionado con Lina aparece dos veces en la documentación.
También figura el 1 y 2 de junio.
Después aparecen registros correspondientes a los días 9, 12, 14 y 18 de junio, además del 7 de julio.
En total fueron diez registros en poco más de cinco semanas.
El FBI tenía incluso identificada su dirección: 4554 Collins Avenue, Miami Beach, Florida.

¿Por qué el FBI estaba mirando esas comunicaciones?
Aquí hay una diferencia importante.
Los documentos disponibles no permiten decir que Lina estuviera siendo investigada por cometer algún delito.
Lo que muestran es que su teléfono apareció dentro del seguimiento que realizaba el FBI a comunicaciones relacionadas con personas del ambiente político y diplomático dominicano.
En esa investigación aparece Oscar Guaroa Ginebra, quien entonces era cónsul general dominicano en Washington y estaba relacionado con el aparato diplomático del régimen.
Otro nombre importante aparece el 16 de junio.
Se trata de Manuel de Moya Alonso, una persona extremadamente cercana a Trujillo y que también había ocupado posiciones diplomáticas.
Sin embargo, tampoco puede afirmarse que De Moya hiciera personalmente las diez llamadas relacionadas con Lina.
Lo que sí establece la documentación es que Lina Lovatón, Guaroa Ginebra y Manuel de Moya terminaron apareciendo dentro del rastreo telefónico que interesaba al FBI.
Lina y De Moya conocieron al Trujillo más privado
La presencia de Lina y De Moya resulta especialmente interesante porque ambos tuvieron acceso a espacios muy personales alrededor de Trujillo, aunque de maneras diferentes.
Lina formaba parte de su vida sentimental y familiar.
De Moya, por su lado, se convirtió en una persona de confianza que conocía de moda, protocolo y comportamiento en ambientes internacionales.
Había vivido en Estados Unidos, hablaba inglés y había trabajado como modelo y maestro de baile.
Según relató posteriormente Joaquín Balaguer, Trujillo había visto fotografías y anuncios donde aparecía De Moya promocionando productos de Colgate y quedó impresionado por su elegancia.
Con el tiempo desarrolló también una carrera política y diplomática.
De esta manera, Lina y De Moya conocieron facetas de Trujillo que iban mucho más allá de su imagen pública como gobernante.
¿Qué podían significar tantas comunicaciones?
Los documentos no ofrecen una respuesta.
No existe información en el expediente presentado que permita saber qué se habló durante esas comunicaciones.
Tampoco se puede concluir que existiera una conspiración.
Lo que sí puede afirmarse es que, mientras República Dominicana atravesaba uno de los momentos políticos más delicados de su historia, el teléfono de Lina en Miami aparecía repetidamente dentro de una red de comunicaciones observada por el FBI.
Y había una razón por la cual Lina seguía siendo una figura importante después de Trujillo: no solamente había mantenido una larga relación con él.
Era también la madre de dos de sus hijos y tenía intereses económicos relacionados con aquella familia.
Una fortuna depositada para Lina
Décadas después surgiría otro capítulo que ayuda a entender la dimensión económica de aquella relación.
La historia comenzó mucho antes, en 1950, cuando desde la oficina particular de Trujillo se depositaron 2.3 millones de dólares en el Banco de Reservas.
De acuerdo con los documentos utilizados posteriormente en los tribunales, el depósito quedó registrado mediante la constancia número 2117.
También existía una carta que establecía que el dinero debía entregarse a Lina Lovatón en caso de que Trujillo muriera.
Pasaron décadas antes de que esos fondos provocaran una gran batalla judicial.
Los hijos de Lina reclamaron el dinero
Rafael José Ramón Trujillo Lovatón y Yolanda Altagracia Trujillo Lovatón reclamaron el depósito como herederos de su madre.

Para 2013, calcularon que los 2.3 millones de dólares originales, después de agregar los intereses acumulados durante más de 60 años, representarían aproximadamente 103 millones de dólares.
En ese momento equivalían a más de 4,400 millones de pesos dominicanos.
Era una cantidad enorme.
Sin embargo, el problema dejó de ser simplemente determinar quién tenía derecho a retirar un antiguo depósito bancario.
La justicia dominicana debía decidir primero algo mucho más importante: de dónde había salido aquel dinero.

La justicia determinó que el dinero pertenecía al Estado
Los tribunales consideraron que esos recursos estaban alcanzados por la Ley 5785-62, aprobada después de la caída de la dictadura para confiscar bienes relacionados con Trujillo, sus familiares y personas cercanas.
La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia, mediante una sentencia del 30 de abril de 2025, rechazó el reclamo.
Aunque Lina no aparecía mencionada expresamente en esa legislación, la Suprema Corte tomó en cuenta su relación con Trujillo, los dos hijos que tuvieron y el hecho de que el dinero había sido colocado para beneficiarla.
Los tribunales determinaron que los fondos estaban relacionados con recursos del patrimonio estatal obtenidos durante la dictadura.
Por esa razón, los hijos de Lina no pudieron recuperar la suma reclamada.
La Suprema Corte de Justicia y posteriormente el Tribunal Constitucional rechazaron las pretensiones de los herederos.
Una historia que continuó mucho después de 1961
La historia de Lina Lovatón y Trujillo terminó teniendo consecuencias durante generaciones.
Primero estuvo la relación sentimental que comenzó cuando ella era muy joven, los dos hijos que tuvieron y su posterior establecimiento en Miami.
Después aparecieron los registros del FBI.
Y décadas más tarde surgió una batalla judicial por un depósito que, con los intereses reclamados, habría superado los 100 millones de dólares.
Los documentos del FBI no demuestran que Lina cometiera algún delito ni revelan el contenido de aquellas comunicaciones.
Pero sí aportan una pieza poco conocida de la historia: apenas horas después de la caída de Trujillo, su teléfono comenzó a aparecer repetidamente dentro de comunicaciones que interesaban a las autoridades estadounidenses.
Más de seis décadas después, aquellos documentos permiten observar cómo las conexiones personales, políticas y económicas alrededor de Trujillo continuaron activas mucho después de aquella noche del 30 de mayo de 1961.