Diario Acontecer | Nueva York, Estados Unidos – Manuel Manzano advirtió este lunes que el café puede afectar la digestión cuando acompaña ciertos alimentos comunes.
El hábito parece sencillo: una taza al despertar, otra después de comer o una más durante la tarde. Sin embargo, el café no siempre combina bien con todo.
Manzano, doctor en microbiología de los alimentos, explicó que algunos compuestos del café interactúan con nutrientes presentes en comidas muy habituales.
Por eso, el especialista recomienda separar la bebida de ciertos platos. No se trata de eliminar el café, sino de elegir mejor el momento para tomarlo.

El primer grupo incluye alimentos ricos en hierro vegetal, como lentejas, espinacas y otras hojas verdes. Ese mineral necesita buenas condiciones para absorberse.
Según Manzano, los compuestos fenólicos del café pueden unirse al hierro no hemo y reducir su aprovechamiento. El resultado inquieta a quienes cuidan su nutrición.
Después de un plato de lentejas o espinacas, el experto aconseja esperar al menos una hora. Así el cuerpo procesa mejor el hierro antes de recibir café.
El segundo caso aparece en una de las mezclas más populares: el café con leche. Aunque millones lo consumen a diario, algunas personas sienten pesadez o acidez.
Manzano explicó que el café tiene naturaleza ácida, mientras la leche aporta grasas y caseína. Esa unión puede complicar la digestión en estómagos delicados.
Además, el café puede interferir ligeramente con la absorción del calcio. Por eso, quienes viven con reflujo o ardor frecuente deberían moderar esta combinación.
El tercer grupo reúne alimentos grasos o fritos. Una comida pesada ya exige más trabajo digestivo, y el café puede estimular aún más los jugos gástricos.
En esas condiciones, algunas personas sienten malestar, ardor o una digestión lenta. El especialista recomienda esperar cerca de dos horas tras una comida grasosa.
El cuarto punto mira a los dulces, panes, donas y pasteles. Aunque parecen compañeros naturales del café, esa mezcla puede elevar más la glucosa en sangre.
La cafeína puede reducir la sensibilidad a la insulina en ciertas personas. Entonces el azúcar sube con más fuerza y luego cae de manera brusca.
Ese vaivén, conocido como efecto montaña rusa, deja cansancio, hambre y poca energía. Por eso, conviene cuidar el exceso de azúcar junto al café.
El quinto alimento es la avena y, en general, las comidas con mucha fibra. La fibra ayuda más cuando avanza despacio por el sistema digestivo.
Sin embargo, el café estimula la motilidad intestinal. Si alguien suma demasiada fibra y cafeína, puede acelerar el tránsito más de lo conveniente.
Manzano aclaró que una combinación ocasional no debería preocupar a una persona sana. El problema aparece cuando el hábito se repite sin observar señales del cuerpo.
La recomendación final apunta al equilibrio. El café puede seguir en la rutina diaria, pero separado de alimentos que reducen nutrientes o complican la digestión.
En consecuencia, una pausa de una o dos horas puede marcar diferencia. Para muchos consumidores, ese pequeño ajuste permite disfrutar el café con menos molestias.
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