La Altagracia se ubica en el extremo oriental de la República Dominicana y forma parte de la región Yuma. Con una superficie amplia y una dinámica económica diversa, esta provincia se ha convertido en uno de los principales motores del país. Su historia, su espiritualidad y su liderazgo turístico explican su peso actual.
Según la división político-administrativa, La Altagracia cuenta con dos municipios y varios distritos municipales. Entre ellos destacan Higüey, San Rafael del Yuma, Verón–Punta Cana, Bávaro, Bayahíbe y Boca de Yuma. Cada territorio aporta identidad, economía y cultura a una provincia en constante crecimiento.
El nombre de La Altagracia honra la devoción mariana a Nuestra Señora de la Altagracia, una advocación profundamente arraigada en la historia dominicana. La llegada del cuadro desde España en el siglo XVI marcó un antes y un después en la espiritualidad del este del país.
La Altagracia y el origen de Higüey
La ciudad de Salvaleón de Higüey, conocida simplemente como Higüey, nació entre 1503 y 1506. Su nombre proviene de una voz indígena relacionada con la luz y el amanecer. Desde sus inicios, Higüey se consolidó como centro agrícola, ganadero y religioso del este dominicano.
Durante siglos, el cuadro de la Virgen se veneró en la iglesia de San Dionisio, ubicada en el parque central de la ciudad. Este templo conserva un valor histórico incalculable y simboliza la continuidad de la fe en La Altagracia a lo largo de más de cuatrocientos años.
En la segunda mitad del siglo XX, se levantó un nuevo santuario de grandes dimensiones. La inauguración de la basílica en 1971 marcó un hito urbano, religioso y cultural que transformó el perfil de Higüey y fortaleció el carácter espiritual de la provincia.

Fe y patrimonio religioso en La Altagracia
La Basílica Nuestra Señora de la Altagracia se diseñó con una arquitectura monumental en forma de cruz latina. Su estructura de hormigón, mármol y vitrales crea un juego de luces que refuerza la solemnidad del espacio sagrado.
Cada 21 de enero, miles de devotos nacionales y extranjeros visitan este complejo religioso. La fecha coincide con las fiestas patronales y suele incluir la presencia del presidente de la República, lo que resalta la dimensión nacional de esta celebración.
En 1992, el papa Juan Pablo II visitó la basílica, reforzando su relevancia internacional. Desde entonces, el templo se mantiene como uno de los centros de peregrinación más importantes del Caribe y un símbolo permanente de La Altagracia.

La Altagracia como potencia turística
El turismo representa una de las principales actividades económicas de La Altagracia. La provincia concentra cerca del 60 % de las habitaciones hoteleras del país, con complejos de categoría internacional que atraen visitantes de todo el mundo.
El polo Bávaro–Punta Cana se posiciona como el destino más visitado de la República Dominicana. Playas de arena blanca, aguas turquesas y servicios de alta calidad explican su liderazgo regional y su impacto directo en el empleo y la inversión.

El desarrollo turístico impulsó el crecimiento urbano, la llegada de inmigrantes y la diversificación de servicios. Hoy, La Altagracia registra una de las tasas de crecimiento poblacional más altas del país, según datos oficiales.
Un factor clave en este éxito es el Aeropuerto Internacional de Punta Cana. Inaugurado como el primer aeropuerto internacional privado del mundo, concentra más del 60 % de los vuelos que llegan al país.
La conectividad aérea fortaleció la posición de La Altagracia como puerta de entrada al Caribe. Esta infraestructura facilita el flujo constante de turistas y sostiene una cadena de valor que beneficia a hoteles, restaurantes y pequeños negocios locales.
Naturaleza y biodiversidad de La Altagracia
Más allá de sus playas, La Altagracia posee una riqueza natural notable. Ríos como el Yuma, el Sanate y el Chavón recorren su territorio y aportan agua a zonas agrícolas y ecosistemas de alto valor ecológico.
El Salto de Anamuya, ubicado en una zona montañosa poco conocida, destaca como uno de los balnearios naturales más visitados del este. Sus aguas frescas atraen tanto a comunidades locales como a visitantes interesados en ecoturismo.
La provincia alberga también humedales, manglares y lagunas costeras, como la laguna de Bávaro. Estos espacios sirven de refugio para aves residentes y migratorias, reforzando el compromiso ambiental de La Altagracia.
También tenemos la reserva natural Ojos Indígenas en Punta Cana es un oasis de lagunas cristalinas, senderos tropicales y biodiversidad protegida en República Dominicana.
Bayahíbe y Boca de Yuma: identidad costera
Bayahíbe representa uno de los ejemplos más claros de transformación equilibrada. De pueblo pesquero pasó a destino turístico, sin perder su identidad comunitaria ni sus tradiciones culturales y religiosas.
Desde Bayahíbe parten excursiones hacia la isla Saona, uno de los principales atractivos naturales del país. La zona también resguarda la flor nacional dominicana, conocida precisamente como la flor de Bayahíbe.

Boca de Yuma, por su parte, mantiene un ambiente tranquilo y paisajes costeros de gran belleza. Durante años fue sede de torneos internacionales de pesca, lo que proyectó el nombre de La Altagracia en escenarios globales.
Gastronomía y cultura popular
La cocina de La Altagracia combina productos del mar y del campo. En las zonas costeras, el pescado con coco y el arroz aromatizado forman parte de la identidad culinaria local.
En Higüey y comunidades cercanas, destacan los dulces artesanales, la longaniza y el chicharrón de leche. Estos sabores refuerzan la memoria colectiva y atraen a visitantes interesados en experiencias auténticas.
Las tradiciones religiosas, como la donación de toros a la Virgen y las procesiones marítimas, mantienen viva una cultura donde la fe y la vida cotidiana se entrelazan de manera natural.
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La Altagracia y su aporte al país
A lo largo de su historia reciente, La Altagracia ha contado con instituciones clave para su desarrollo. Asociaciones empresariales, ganaderas y educativas han impulsado proyectos de formación y cultura.
La provincia alberga centros de educación superior que fortalecen el capital humano del este dominicano. Estas instituciones contribuyen a la profesionalización de una población joven y diversa.
Con más de cinco décadas como provincia formalizada, La Altagracia se consolida como un territorio donde conviven fe, naturaleza, turismo y producción. Su evolución explica buena parte del crecimiento económico nacional.
Este recorrido histórico y cultural refleja cómo La Altagracia pasó de ser una provincia agrícola y ganadera a convertirse en capital turística del país, sin perder su esencia espiritual ni su riqueza natural.



