Diario Acontecer | Boston, Estados Unidos – Investigadores de Mass General Brigham revelaron en junio que un desayuno temprano puede favorecer un mayor gasto de energía durante el día.
El hallazgo aporta una nueva mirada sobre la relación entre la hora de comer y el peso. El cuerpo no procesa los alimentos con la misma intensidad a cualquier momento del día.
Por qué el desayuno temprano influye en el metabolismo

El estudio analizó la termogénesis inducida por la dieta, es decir, la energía que el organismo utiliza para digerir, absorber y almacenar los nutrientes después de una comida.
Los resultados mostraron que esa respuesta alcanza su punto más alto durante la mañana biológica y disminuye de forma progresiva conforme avanza el día.
Para los investigadores, esta variación ayuda a explicar por qué un desayuno temprano puede encajar mejor con el reloj interno y apoyar una mejor regulación del gasto energético.
El equipo, liderado por Han-Chow Koh y Frank A. J. L. Scheer, examinó cómo el ritmo circadiano modifica la energía que el cuerpo consume después de comer.
El reloj biológico cambia la forma de gastar energía

Los científicos observaron que la termogénesis llegó a su máximo cerca de las 7:00 de la mañana biológica y tocó su nivel más bajo alrededor de las 7:00 de la noche.
Por lo tanto, las mismas calorías pueden generar una respuesta metabólica diferente según el momento del día en que se consuman, aun cuando la cantidad de comida sea similar.
Este dato refuerza el interés por el desayuno temprano, pero no significa que exista una hora universal para todos. El sueño, la rutina y el cronotipo también influyen.
Los autores también relacionan estos resultados con investigaciones previas en las que retrasar las comidas unas cuatro horas se vinculó con un menor gasto energético durante la vigilia.
En esos trabajos, comer más tarde no solo alteró el uso de energía. También se observaron señales relacionadas con el hambre y con procesos que pueden favorecer el aumento de peso.
Por eso, el desayuno temprano aparece como una estrategia sencilla para quienes ya comen por la mañana y buscan ordenar mejor sus horarios sin recurrir a cambios extremos.
Qué debe tener un buen desayuno
Sin embargo, el momento de comer no reemplaza la calidad del plato. Un desayuno cargado de azúcar y harinas refinadas puede generar picos de glucosa y poca saciedad.
Los especialistas recomiendan priorizar proteínas, fibra, carbohidratos menos refinados y grasas saludables, una combinación que ayuda a sostener la energía y controlar el apetito.
Un desayuno temprano puede incluir huevos, yogur natural sin exceso de azúcar, avena, frutos secos, aguacate o pan integral, según las necesidades de cada persona.
También conviene limitar jugos azucarados, cereales muy refinados y productos ultraprocesados. Aunque se consuman temprano, su calidad nutricional sigue siendo determinante.
La clave está en romper el ayuno con una comida que aporte saciedad y estabilidad. Así, el desayuno temprano puede integrarse mejor a una estrategia de control del peso.
Cómo aplicar el hallazgo sin caer en extremos
Los investigadores advierten, además, que la hora biológica no siempre coincide con la hora del reloj. Quien trabaja de noche puede tener un ritmo distinto al de una persona diurna.
¿Qué implica esto para la vida diaria? Que adelantar la primera comida puede ser útil, siempre que el cambio respete el descanso, los horarios laborales y la salud de cada individuo.
En lugar de imponer una hora exacta, los expertos plantean mirar el patrón general. Comer durante la fase activa del día parece alinearse mejor con el funcionamiento del organismo.
Con todo, el desayuno temprano no actúa como una fórmula aislada para adelgazar. Su posible beneficio depende del conjunto: sueño, actividad física, calidad de la dieta y constancia.
El nuevo estudio refuerza una idea central de la cronobiología: el cuerpo tiene horarios internos y responde mejor cuando las comidas se acercan a las fases de mayor actividad metabólica.
Finalmente, adelantar el desayuno puede ser un ajuste práctico para algunas personas. La evidencia sugiere que no solo importa qué se come, sino también cuándo se hace.
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