Diario al Día | La altagracia— El Tribunal Colegiado de Higüey condenó a 20 años de prisión a un hombre hallado culpable de matar a su expareja en septiembre de 2024, en un caso que estremeció al municipio.
Adrián Javier Robles Santana fue declarado penalmente responsable de la muerte de Ana Vázquez Zorrilla, ocurrida en el sector San Pedro de esta ciudad oriental.
El tribunal también ordenó el pago de una indemnización civil de cinco millones de pesos y dispuso que el sentenciado cumpla su condena en el CCR de Anamuya, en Higüey.
Según el expediente del Ministerio Público, durante la madrugada del 27 de septiembre de 2024, Robles Santana se ocultó en el patio de la vivienda de la víctima antes de irrumpir de forma violenta.

El agresor le infligió múltiples heridas con arma blanca y luego provocó su muerte por asfixia mecánica, en lo que los fiscales describieron desde el inicio como un ataque premeditado y de una crueldad inusitada.
En la escena, peritos forenses hallaron una carta manuscrita dejada por el propio agresor, en la que explicaba sus supuestos motivos. El documento se convirtió en una de las pruebas más determinantes del juicio.
Las investigaciones revelaron que la víctima había presentado previamente denuncias formales por violencia de género, acoso y amenazas ante la Unidad de Atención Integral de Higüey.
Pese a esas alertas, el desenlace fue fatal. El Ministerio Público catalogó el expediente como un caso de alto riesgo desde sus primeras etapas, dado el patrón de agresiones reiteradas que precedió al crimen.

Este fallo reactiva el debate sobre los mecanismos estatales frente a la violencia de género: ¿resultan suficientes las medidas cautelares cuando las señales de peligro son tan evidentes?
El caso de Ana Vázquez Zorrilla no es un episodio aislado. La violencia de género sigue siendo una de las crisis más persistentes del sistema de justicia dominicano, con víctimas que denuncian y aun así no logran protección efectiva.
Sin embargo, la sentencia envía una señal institucional: los tribunales están dispuestos a aplicar penas severas cuando la evidencia y la premeditación son contundentes, como ocurrió en este proceso judicial.
Finalmente, organizaciones de derechos humanos observan el veredicto con cautela. Reconocen el valor simbólico de la condena, pero insisten en que la verdadera solución a la violencia de género requiere prevención, no solo castigo posterior al crimen.
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