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15 cosas de Estados Unidos que sorprenden a muchos latinos al llegar

Llegar a Estados Unidos no significa solamente aprender otro idioma o acostumbrarse a una nueva ciudad. Hay pequeñas reglas de la vida cotidiana que pueden desconcertar incluso a quien llevaba años viendo películas, series y noticias estadounidenses antes de emigrar.

¿Por qué un producto de $9.99 puede costar más al llegar a la caja? ¿Por qué tener dinero ahorrado no sustituye un buen historial de crédito? ¿Realmente se puede beber el agua del grifo? ¿Por qué una distancia de una hora en automóvil puede parecer perfectamente normal?

Algunas diferencias dependen del estado, la ciudad, la edad y el entorno social, por lo que no existe una única “cultura estadounidense”. Sin embargo, hay situaciones que se repiten con suficiente frecuencia como para convertirse en parte del proceso de adaptación de muchos inmigrantes.

Estas son 15 cosas de Estados Unidos que pueden sorprender a muchos latinos al llegar, desde el dinero y el transporte hasta las costumbres sociales.

1. El precio de la etiqueta no siempre es lo que terminas pagando

Una de las primeras sorpresas puede ocurrir en algo tan sencillo como comprar un producto.

Ves un artículo anunciado en $9.99, llegas a la caja y el total es superior. No necesariamente existe un error: en muchos casos se añadió el sales tax, o impuesto sobre las ventas.

A diferencia de sistemas donde determinados impuestos al consumo ya aparecen incorporados al precio mostrado al cliente, en Estados Unidos es habitual que el impuesto correspondiente se calcule al realizar la compra.

Y aquí aparece una característica que volverá a encontrarse muchas veces en esta lista: las reglas no son idénticas en todo el país.

El IRS reconoce los impuestos generales sobre las ventas estatales y locales, mientras que la exención de estos impuestos es una cuestión de legislación estatal, no federal. Por eso el importe final puede depender de dónde se realice la compra y de qué se esté comprando.

Para un recién llegado, la lección práctica es sencilla: el número de la etiqueta no siempre representa el total que saldrá de su bolsillo.

2. La cultura de las propinas es mucho más importante de lo que parece

La segunda sorpresa suele aparecer en restaurantes, barberías, peluquerías, taxis, entregas a domicilio y otros servicios.

La propina o tip tiene un peso económico y cultural importante en Estados Unidos. Sin embargo, conviene aclarar algo: decir simplemente que “la propina es obligatoria” sería incorrecto.

Las reglas laborales incluso varían según el estado. El Departamento de Trabajo muestra que bajo la normativa federal ciertos empleados que reciben propinas pueden tener un salario directo mínimo de $2.13 por hora, siempre que se cumplan las condiciones legales correspondientes y que salarios más propinas alcancen al menos el mínimo aplicable. Algunos estados, en cambio, exigen pagar a esos trabajadores el salario mínimo estatal completo antes de las propinas.

Por eso la propina no es simplemente una costumbre importada por los restaurantes: está profundamente integrada en determinados sectores de servicios.

Para el inmigrante, lo complicado al principio no suele ser entender qué es una propina, sino descubrir cuándo se espera, cuánto dejar y cuándo el establecimiento ya añadió algún cargo por servicio a la cuenta.

Antes de pagar, especialmente cuando se trata de un grupo grande, conviene revisar el recibo.

3. Tener dinero no sustituye un historial de crédito

Esta probablemente sea una de las diferencias que más consecuencias prácticas tiene.

Una persona puede llegar a Estados Unidos con empleo y ahorros y, aun así, descubrir que financieramente existe otro elemento que necesita desarrollar: su historial de crédito.

El Consumer Financial Protection Bureau (CFPB) explica que el historial crediticio puede influir en el acceso a vivienda, tarjetas, préstamos e incluso en cuánto interés termina pagando una persona. Los propietarios pueden consultarlo al decidir si alquilan una vivienda o si exigen un depósito mayor.

Para los inmigrantes recién llegados existe una dificultad adicional. Un informe del CFPB señala que tener poco o ningún historial crediticio estadounidense puede ser común entre nuevos inmigrantes que todavía no han utilizado productos de crédito en el país.

Esto explica una situación aparentemente contradictoria: alguien puede administrar responsablemente su dinero y, sin embargo, tener un expediente crediticio muy limitado.

¿Significa que hay que endeudarse para tener buen crédito?

No.

El propio CFPB señala que no es necesario mantener una deuda pendiente para conseguir un buen puntaje. Pagar el saldo completo de la tarjeta cada mes puede ayudar a construir historial evitando intereses innecesarios. Para quienes comienzan desde cero existen productos como tarjetas garantizadas (secured credit cards) y préstamos específicamente diseñados para construir crédito.

La diferencia importante es esta: usar crédito responsablemente no significa vivir endeudado.

4. En gran parte del país, el automóvil ocupa un lugar enorme en la vida diaria

La experiencia de vivir sin automóvil en Manhattan no representa necesariamente la experiencia de vivir en los suburbios de Texas, Florida, Georgia o muchas otras partes de Estados Unidos.

Los datos del Census Bureau ayudan a dimensionarlo: en 2024, 69.2% de los trabajadores conducía solo al trabajo, mientras apenas 3.7% utilizaba transporte público.

Eso no significa que todo estadounidense necesite automóvil. Ciudades como Nueva York disponen de redes de transporte que permiten estilos de vida muy diferentes.

Pero fuera de las zonas con buen transporte público, actividades tan básicas como trabajar, comprar alimentos, llevar a los niños a la escuela o acudir a una cita médica pueden implicar conducir.

La dependencia puede ser todavía mayor en áreas rurales. El Departamento de Transporte reconoce que los residentes rurales suelen disponer de menos alternativas para desplazarse.

Para algunos inmigrantes, comprar un automóvil deja rápidamente de parecer un lujo y comienza a sentirse como una herramienta necesaria para organizar la vida cotidiana.

5. Las distancias cambian tu concepto de lo que significa “cerca”

Estados Unidos tiene una escala geográfica que puede resultar difícil de imaginar hasta que se vive en el país.

No es extraño que una actividad implique conducir durante una hora o más. Según el Census Bureau, el trayecto promedio de ida al trabajo fue de 27.2 minutos en 2024, y 9.3% de los trabajadores que se desplazaban tardaban 60 minutos o más solamente en una dirección.

Esto también modifica la manera de planificar viajes.

En un país de dimensiones continentales, desplazarse entre dos ciudades del mismo estado puede requerir varias horas. Visitar familiares que viven “en el mismo estado” no necesariamente significa que vivan cerca.

Con el tiempo, muchos recién llegados terminan midiendo las distancias no en kilómetros o millas, sino en una pregunta mucho más práctica:

“¿Cuánto tiempo hay manejando?”

6. Beber agua directamente del grifo puede ser completamente normal

Para quien viene de un lugar donde comprar botellones de agua forma parte de la rutina doméstica, observar a alguien llenar un vaso directamente del fregadero puede provocar dudas.

En Estados Unidos, aproximadamente 90% de la población recibe agua potable mediante sistemas públicos, según la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Estos sistemas están sujetos a las normas establecidas bajo la Safe Drinking Water Act y deben realizar controles y reportes relacionados con la calidad del agua.

Pero eso tampoco significa que deba asumirse que cualquier agua que salga de cualquier grifo es automáticamente segura.

La propia EPA registra incumplimientos de las normas de agua potable, y los pozos privados domésticos no están regulados federalmente por la EPA de la misma manera que los sistemas públicos.

Por eso lo correcto no es decir “toda el agua del grifo de Estados Unidos se puede beber”, sino entender que gran parte de la población recibe agua de sistemas públicos regulados y que la situación concreta depende del sistema y de las condiciones locales.

7. Fahrenheit, millas, pies, pulgadas, libras y galones aparecen por todas partes

 

Imagínate haber utilizado durante toda tu vida Celsius y kilómetros y escuchar:

“Hoy estaremos a 80 grados”.

La primera reacción puede ser pensar que algo salió terriblemente mal.

Después descubres que hablan de Fahrenheit.

La adaptación continúa cuando una persona mide 5 pies y 10 pulgadas, pesa 180 libras, vive a 12 millas del trabajo y compra leche por galón.

Para orientarse rápidamente, estas conversiones aproximadas del National Institute of Standards and Technology (NIST) resultan útiles:

Medida estadounidense Equivalencia aproximada
1 milla 1.61 kilómetros
1 libra 0.45 kilogramos
1 pulgada 2.54 centímetros
1 pie 30.48 centímetros
1 galón estadounidense 3.79 litros

Para convertir Fahrenheit a Celsius puede utilizarse la fórmula (°F − 32) ÷ 1.8.

Después de un tiempo, muchos inmigrantes desarrollan una curiosa habilidad: pensar en dos sistemas de medidas simultáneamente.

8. Las vacaciones pagadas no están garantizadas por una ley federal general

Este es uno de esos detalles de Estados Unidos que pueden resultar especialmente sorprendentes para quien llega desde un país con otro sistema laboral.

La Fair Labor Standards Act (FLSA) no obliga de manera general a los empleadores a proporcionar vacaciones pagadas ni pago por días festivos no trabajados. Estos beneficios suelen depender de las políticas del empleador, contratos u otros acuerdos, además de las leyes que puedan existir en cada estado.

Esto no significa que los trabajadores estadounidenses nunca tengan vacaciones pagadas. Muchísimas empresas ofrecen PTO —paid time off—, vacaciones, días personales y otros beneficios.

La diferencia está en de dónde nace el derecho.

Un inmigrante no debería asumir que, simplemente por haber trabajado determinado número de meses, existe automáticamente una ley federal que le garantiza cierto número de semanas de vacaciones pagadas.

Además, algunas jurisdicciones tienen sus propias normas sobre determinados tipos de licencia, por lo que siempre conviene consultar las reglas del estado donde se trabaja.

9. La vida social puede necesitar más planificación

Aquí dejamos las leyes y entramos directamente en terreno cultural.

En muchas familias latinoamericanas todavía resulta natural llamar a alguien y decir:

“Estoy cerca, paso por tu casa”.

En determinados ambientes estadounidenses es más habitual coordinar previamente una visita, una cena o una salida, incluso entre amigos.

Eso puede interpretarse inicialmente como frialdad, cuando muchas veces tiene más que ver con organización, horarios laborales, actividades de los hijos y una cultura que concede bastante importancia al tiempo individual.

Por supuesto, Estados Unidos tiene más de 300 millones de habitantes, numerosas comunidades culturales y enormes diferencias regionales. Sería absurdo afirmar que todos planifican su vida social de la misma manera.

La enseñanza para un recién llegado es otra: no asumir que una visita inesperada será recibida de la misma manera que en su país de origen.

10. El espacio personal y la privacidad pueden manejarse de otra manera

¿Cuánto ganas?

¿Cuánto pagaste por tu casa?

¿Por qué todavía no tienes hijos?

Para algunas familias latinas, preguntas de este tipo pueden aparecer en una conversación sin demasiada ceremonia. En otros contextos estadounidenses pueden percibirse como demasiado personales.

Lo mismo ocurre con el contacto físico.

El beso, el abrazo o acercarse bastante durante una conversación no tienen exactamente el mismo significado en todas las culturas. Con alguien que acabas de conocer, un saludo verbal o un apretón de manos puede resultar más natural que besar en la mejilla.

No existe una distancia universal que debas mantener ni un manual de preguntas prohibidas.

La regla práctica es observar el contexto y permitir que la confianza determine el nivel de cercanía, en lugar de asumir que las mismas costumbres sociales funcionan en todas partes.

11. Los horarios y la manera de comer pueden sentirse diferentes

El choque cultural también entra por la cocina.

Para una persona acostumbrada a un almuerzo largo o a cenar tarde, puede resultar extraño encontrarse con compañeros que comen rápidamente durante su jornada laboral o familias que organizan la cena bastante antes de lo que ella considera normal.

Sin embargo, este es uno de los puntos donde más conviene evitar estereotipos.

Estados Unidos es demasiado diverso para establecer una “hora estadounidense de cenar”. Los horarios dependen de la familia, el trabajo, la región, la edad y el estilo de vida.

Lo que sí descubre rápidamente el recién llegado es que tendrá que adaptar sus propias costumbres alimentarias a horarios de trabajo, escuela y transporte que quizá sean distintos de los que tenía anteriormente.

Y algunas familias terminan creando un modelo híbrido: mantienen su comida latina y sus tradiciones, pero cambian completamente la hora en que comen.

12. Llevarse las sobras del restaurante es algo completamente normal

Pediste demasiado, terminaste de comer y todavía queda medio plato.

Entonces aparece una frase extremadamente útil para cualquier recién llegado:

“Can I get a box?”

Pedir un recipiente para llevarse a casa lo que quedó de la comida es una práctica cotidiana en los restaurantes estadounidenses.

Esto resulta especialmente práctico cuando las porciones son grandes. La comida que quedó puede convertirse en el almuerzo del día siguiente en lugar de terminar en la basura.

Dependiendo del establecimiento también escucharás expresiones como “to-go box” o simplemente la pregunta de un empleado sobre si deseas una caja.

Es una pequeña costumbre, pero representa perfectamente el tipo de adaptación cotidiana que nadie suele explicar antes de emigrar.

13. Algunos vecindarios pueden parecer demasiado silenciosos

 

Para alguien que viene de un barrio latino con música, personas conversando frente a las casas, comercios pequeños, vendedores y movimiento constante, ciertos suburbios estadounidenses pueden producir una impresión desconcertante.

Hay casas.

Hay automóviles.

Sabes que vive gente allí.

Pero casi no ves a nadie.

Eso no significa necesariamente que los vecinos sean antisociales. El diseño de muchas comunidades, los desplazamientos en automóvil, los horarios laborales, el clima y las propias costumbres residenciales producen una dinámica diferente.

En algunos lugares también existen ordenanzas locales o reglas de asociaciones de propietarios sobre ruido, estacionamiento, mantenimiento exterior y otros asuntos comunitarios.

El contraste puede ser especialmente fuerte para quien estaba acostumbrado a que la calle funcionara como una extensión de la vida social del hogar.

14. Cruzar de un estado a otro puede cambiar más cosas de las que imaginas

Este es probablemente uno de los conceptos más importantes para comprender Estados Unidos.

El país funciona bajo un sistema de federalismo, es decir, existe una división de poderes entre el gobierno nacional y los gobiernos estatales. La Constitución reserva además determinadas competencias a los estados.

Por eso la frase:

“En Estados Unidos eso funciona así”

debe utilizarse con cuidado.

Los estados y gobiernos locales pueden establecer normas que afectan impuestos, salarios, alquileres, licencias, tránsito, zonificación y muchos otros aspectos cotidianos. Incluso autoridades de condados y ciudades participan en la elaboración de políticas locales.

Un ejemplo sencillo está en los salarios: el Departamento de Trabajo recuerda que muchos estados tienen su propio salario mínimo y que, cuando son aplicables tanto la norma estatal como la federal, el trabajador tiene derecho a la tasa más alta.

Así que algo que un familiar aprendió viviendo en Florida no necesariamente funcionará exactamente igual para otro familiar que acaba de instalarse en Nueva York, Texas o California.

Para un inmigrante, aprender a preguntar “¿en qué estado?” puede evitar mucha confusión.

15. “How are you?” muchas veces es simplemente un saludo

Finalmente llegamos a una de las diferencias más pequeñas y, al mismo tiempo, más simpáticas.

Entras a una tienda:

“Hi! How are you?”

Te encuentras a un compañero:

“Hey, how’s it going?”

Para quien está aprendiendo inglés, la reacción lógica podría ser interpretar literalmente la pregunta y comenzar a explicar cómo se encuentra.

Pero en muchísimas interacciones cotidianas estas expresiones funcionan simplemente como fórmulas sociales de saludo.

“Good, thanks. How are you?”

Y la conversación continúa.

Naturalmente, si un amigo cercano pregunta cómo estás en un contexto personal, probablemente sí quiera saber la respuesta.

La diferencia está en aprender a reconocer el contexto.

Y quizá esa sea también una buena manera de resumir todo el proceso de adaptación: vivir en Estados Unidos no consiste solamente en traducir palabras, sino en aprender lo que esas palabras, costumbres y pequeñas reglas significan dentro de otra cultura.

Lo más importante: no existe una sola forma de vivir en Estados Unidos

Después de conocer estas diferencias es fácil caer en el error contrario: pensar que todos los estadounidenses viven exactamente de la misma manera.

No es así.

La experiencia de un inmigrante en Nueva York puede ser radicalmente distinta de la de alguien que llega a una pequeña localidad rural. Incluso las leyes pueden cambiar al cruzar una frontera estatal.

También las comunidades inmigrantes transforman el lugar donde viven. Barrios enteros conservan comidas, idiomas, celebraciones, negocios y formas de relacionarse procedentes de América Latina.

Por eso la adaptación no necesariamente consiste en abandonar las costumbres propias para adoptar otras.

Muchas veces ocurre algo más interesante: se aprende a vivir entre las dos.

Preguntas frecuentes sobre la vida en Estados Unidos

¿Los precios de las tiendas incluyen impuestos?

No siempre. En muchas compras el sales tax estatal o local correspondiente se calcula al pagar, por lo que el total puede ser superior al precio anunciado. Las reglas y tasas dependen de la jurisdicción y del producto.

¿Es obligatorio dejar propina en Estados Unidos?

No existe una regla universal que convierta toda propina en obligatoria. Sin embargo, dar propina es una expectativa social importante en determinados servicios, especialmente en restaurantes con servicio a la mesa. Conviene comprobar además si la cuenta ya incluye algún cargo de servicio.

¿Un inmigrante necesita historial de crédito?

Tener historial crediticio puede ser muy importante. Según el CFPB, puede influir en préstamos, tarjetas, alquiler de vivienda, depósitos y tasas de interés. Quienes son nuevos en el sistema pueden comenzar a construirlo utilizando productos apropiados y pagando puntualmente.

¿Se puede vivir sin automóvil en Estados Unidos?

Sí, especialmente en ciudades con buenos sistemas de transporte público. Pero la experiencia cambia mucho según el lugar. Los datos nacionales muestran que el automóvil continúa siendo el medio predominante para desplazarse al trabajo.

¿Se puede beber el agua del grifo?

Aproximadamente 90% de la población recibe agua mediante sistemas públicos regulados bajo las normas federales de agua potable. Sin embargo, pueden existir problemas locales y los pozos privados domésticos no funcionan bajo el mismo régimen federal, por lo que conviene consultar la información del sistema de agua correspondiente.

¿Estados Unidos usa kilómetros y grados Celsius?

En la vida cotidiana predominan unidades como millas, pies, pulgadas, libras, galones y grados Fahrenheit, aunque el sistema métrico también se utiliza en numerosos ámbitos.

¿Todos los trabajadores tienen vacaciones pagadas?

No por una garantía federal general. La FLSA no exige vacaciones pagadas, aunque muchos empleadores las ofrecen y pueden existir otras obligaciones bajo leyes estatales, contratos o circunstancias específicas.

¿Las leyes son iguales en todos los estados?

No. Estados Unidos divide competencias entre el gobierno federal y los estados, y también existen gobiernos locales con capacidad regulatoria en numerosos asuntos. Por eso siempre conviene verificar las normas correspondientes al estado y localidad donde se vive.

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