Diario al Día | Nueva York, Estados Unidos — Una familia dominicana en NYPD mantiene vivo un legado de servicio que comenzó hace casi tres décadas, cuando Gilberto Camilo se convirtió en oficial y hoy ve a sus hijos Justin y Jared seguir el mismo camino.
Justin, de 24 años, y Jared, de 22, patrullan actualmente el Alto Manhattan, zona con una de las mayores concentraciones de población dominicana en Estados Unidos.
Justin se graduó de la Academia de Policía en 2024 y fue asignado a la comisaría 33, la misma donde años atrás sirvió su padre en Washington Heights.
Jared se graduó este año y comenzó en la comisaría 34, responsable de sectores de Washington Heights e Inwood, completando así el mapa familiar del servicio.

“Me gusta muchísimo mi trabajo. Mi familia está feliz, aunque mi mamá se puso muy nerviosa al principio. La primera vez que vi a mi papá con el uniforme supe que quería ser policía”, relató Justin.
El joven oficial añadió: “Cada día es diferente. Es un trabajo distinto todos los días”, describiendo la rutina cambiante que enfrenta en sus funciones diarias.
Su padre continúa aconsejándolo sobre la importancia de mantenerse atento durante el servicio: “Siempre me dice que esté concentrado, que mantenga el foco y que no me distraiga con el teléfono”, agregó Justin.
Para Jared, sus primeros meses han representado la materialización de un sueño de infancia: “Me siento bendecido. Estoy muy orgulloso de ser parte de esta institución y también de ser parte de la comunidad dominicana”.

El joven recordó un consejo particular de su padre antes de salir a patrullar: “Siempre escucha, siempre mantente alerta, escucha a tus compañeros y ten la capacidad de escuchar a las personas”.
Gilberto Camilo nació en Nueva York, hijo de inmigrantes dominicanos originarios de Santiago, y creció en una familia trabajadora que le inculcó el valor del esfuerzo y del servicio comunitario.
Su padre trabajó en una empresa de almacenamiento, mientras su madre preparaba bizcochos por encargo y luego consiguió empleo en una fábrica de muñecas, en un ambiente hogareño ligado a la cultura dominicana.
Camilo estudió en la escuela primaria 192, luego en la intermedia Roberto Clemente y en Seward Park High School, antes de ingresar a John Jay College of Crimin@l Justice.

“En 1997 estaba estudiando en JohnJayCollege y la mayoría de mis instructores eran policías de Nueva York. Me gustaba cómo hablaban, cómo eran y cómo explicaban el trabajo”, compartió.
También fue decisiva la influencia de su abuela, quien solía decirle que si hubiera llegado más joven a Estados Unidos, habría querido convertirse en policía, según relató Camilo.
“Así fue como comenzó mi amor por esta carrera”, acotó el exoficial, recordando el origen de su vocación dentro del cuerpo policial neoyorquino.
Camilo ingresó al NYPD en 1997 y sirvió en las comisarías 24, 23, 19 y 33, esta última en Washington Heights, antes de retirarse tras una década de servicio activo.
Posteriormente continuó vinculado a las fuerzas del orden como oficial del Gobierno federal, manteniendo su compromiso con el servicio público más allá del uniforme local.
Camilo asegura que siempre intentó transmitirles a sus hijos una visión humana de la profesión, más allá de los desafíos que enfrentó durante su carrera activa.
“No se trata solamente de proteger a la población. Hay que estar siempre a disposición de los demás. Puede ser ayudar a alguien a cruzar la calle o darle un vaso de agua”, agregó.
Esa filosofía también determinó la manera en que trataba a las personas bajo arresto: “Me aseguraba de comprarle su almuerzo. A todos los traté con dignidad”, afirmó Camilo.
Para el exoficial, ser un policía dominicano en WashingtonHeights representó una ventaja al comunicarse con residentes y comprender sus códigos culturales propios.
“La ventaja es que confían más en uno. Un dominicano quiere hablar con alguien que comprenda su cultura y yo podía darle ese apoyo, sin faltarle el respeto”, explicó.
“Nunca tuve problemas en la calle, ni con personas que arresté, ni con el público, porque siempre traté bien a la gente”, aseguró Camilo sobre su trayectoria.
Esta historia familiar coincide con el crecimiento de la representación dominicana dentro del NYPD, reflejada en cifras divulgadas recientemente por la institución policial.
Datos de 2025 situaban en más de 3,800 el número de dominico-americanos en servicio, alrededor del 11% de la fuerza uniformada de la agencia neoyorquina.
“Cuando comencé había policías dominicanos, pero no tantos. Ahora mis hijos siguen la tradición y, si Dios quiere, continuarán avanzando”, comentó Camilo con evidente satisfacción.
El consejo principal que Gilberto ofrece a sus hijos se resume en una palabra: paciencia, más allá de la autoridad que representa el uniforme.
“Les digo a mis hijos, y a todo el que quiera ser policía, que debe tener paciencia. Tienen que tratar a todo el mundo como quieren que los traten a ellos”.
La familia tiene un tercer hijo, de 14 años, que según su padre ya muestra interés en seguir el mismo camino dentro de la corporación policial.
Los tres hermanos podrían algún día compartir el mismo uniforme, extendiendo un legado que va más allá de la placa: escuchar, respetar y servir a la comunidad.
¿Se convertirá el tercer hijo de los Camilo en el próximo capítulo de esta historia familiar dentro del NYPD?