Diario al Día | La Vega— Un hombre enfrentó la furia de su comunidad el pasado lunes tras admitir haber aplicado un castigo niño con un cable a su hijastro de 11 años, en el sector Los Martínez.
Decenas de residentes, en su mayoría mujeres, rodearon al individuo en plena vía pública y lo agredieron físicamente antes de que pudiera ofrecer su versión de los hechos.
El hombre, sin camisa y visiblemente lesionado, fue arrinconado contra la pared de una vivienda mientras la turba exigía que respondiera por el daño causado al menor.
Un hombre intentó mediar sin éxito entre el individuo y quienes lo increpaban, en medio de un forcejeo que se prolongó varios minutos.
Tras el tumulto, el hombre ofreció declaraciones a quien grababa la escena. Reconoció que el castigo niño ocurrió mientras interrogaba al menor por supuestas mentiras, en ausencia de la madre.
"Eso fue un error. Yo tengo la vida entera con ese niño criándolo", admitió el hombre, quien aseguró que ese día había llegado con una compra para el hogar y que raramente actuaba de esa manera.
Sin embargo, también confesó que se excedió: "Está bien, me pasé… me pasé porque le di eso. Sí, lo entiendo", dijo, señalando además las marcas en su rostro dejadas por la turba.
El hombre explicó que lleva nueve años criando al niño y que tiene dos hijas con la madre del menor. Dijo sentirse arrepentido y calificó lo sucedido como un error aislado en el proceso de corrección.
La madre del niño llegó al lugar en medio del caos, sin conocer aún lo que había ocurrido. "Yo realmente estaba trabajando. Llego y veo a esta gente aquí y digo, ¿qué es lo que está pasando?", declaró visiblemente desconcertada.
El caso expone una tensión recurrente: la línea entre la corrección disciplinaria y el maltrato físico a menores sigue siendo difusa en muchas comunidades, donde el castigo niño con objetos aún se considera por algunos como un método válido.
Por otro lado, la respuesta colectiva de los vecinos evidencia una ruptura en la confianza hacia las instituciones formales. Ante la percepción de que el sistema no actúa con rapidez, algunas comunidades optan por intervenir de forma directa.
Finalmente, este hecho plantea una pregunta que va más allá del incidente: ¿qué mecanismos reales existen para que situaciones de posible maltrato infantil se atiendan antes de llegar a la vía pública?