Diario Acontecer | Glasgow, Reino Unido – Un equipo internacional recuperó en abril de 2026 42 páginas del Nuevo Testamento para ampliar el estudio del Códice H.
El trabajo gira alrededor de un manuscrito del siglo VI que alguien desmontó hace unos 800 años en el Monasterio de la Gran Lavra, en el Monte Athos, Grecia.
Aquel volumen, conocido como Códice H, contenía cartas de San Pablo y hoy figura entre los testimonios más relevantes para estudiar el Nuevo Testamento.
En el siglo XIII, los monjes enfrentaban escasez de materiales. Por eso reutilizaban pergaminos dañados y daban nueva vida a libros que ya no podían circular.
Sin embargo, ese reciclaje dejó una pista inesperada. La tinta nueva marcó hojas cercanas y creó rastros casi invisibles, como sombras atrapadas en el pergamino.
El profesor Garrick Allen, de la Universidad de Glasgow, lideró el equipo que reconstruyó esas páginas sin hallar fragmentos físicos nuevos del Nuevo Testamento.

Los investigadores siguieron huellas de tinta que quedaron en hojas enfrentadas. Algunas aparecían como imágenes invertidas, débiles a la vista, pero legibles con tecnología.
La recuperación del Nuevo Testamento llegó mediante imágenes multiespectrales, una técnica que capta luz en varias longitudes de onda y resalta marcas ocultas.
El equipo trabajó junto a la Early Manuscripts Electronic Library, que aportó experiencia digital para procesar fotografías de las páginas conservadas del Códice H.
Además, especialistas en París hicieron pruebas de radiocarbono al pergamino. Ese análisis respaldó la datación del manuscrito original en el siglo VI.
Las páginas recuperadas del Nuevo Testamento incluyen fragmentos de cartas paulinas. Aun así, su mayor valor no depende solo del texto bíblico conservado.
Entre los aportes más relevantes aparecen listas antiguas de capítulos de las cartas de Pablo, distintas a las divisiones que usan muchos lectores actuales.
Esas listas permiten observar cómo los cristianos organizaban la lectura hace quince siglos. También muestran una cultura escrita más compleja de lo que suele imaginarse.
El Códice H conserva, además, correcciones y anotaciones hechas por escribas. Esas marcas revelan cómo copiaban, revisaban y estudiaban los textos sagrados.
Para los especialistas del Nuevo Testamento, cada señal marginal importa. Una corrección, una pausa o una lista puede cambiar la forma de entender la transmisión.
El manuscrito tiene otra característica notable: incorpora el llamado Aparato de Eutalio, un sistema antiguo de ayudas para estudiar los textos cristianos.
Según los investigadores, el Códice H representa el testimonio más antiguo conocido con ese aparato. Por eso, las nuevas páginas aumentan su peso académico.
El Nuevo Testamento no aparece aquí como una pieza aislada, sino como parte de una red de lectura, enseñanza y copia que atravesó siglos y territorios.

Hoy las huellas del Códice H se reparten entre bibliotecas de Italia, Grecia, Rusia, Ucrania y Francia. Esa dispersión refleja su larga historia material.
El proyecto contó con apoyo del Templeton Religion Trust y del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades del Reino Unido, según la Universidad de Glasgow.
También ya existe una edición digital abierta del Códice H, mientras el equipo prepara una edición impresa para investigadores, bibliotecas y lectores especializados.
El hallazgo deja una pregunta suave pero decisiva: ¿qué implica para el estudio del Nuevo Testamento que la tecnología pueda leer incluso lo borrado?
Por ahora, la respuesta apunta a una certeza sobria. El pasado no siempre desaparece; a veces queda escondido en una fibra, esperando otra forma de mirada.